Si cree que el jerez es la reliquia dulce del armario de una abuela, el Al Ándalus escenificará una de las grandes conversiones de paladar del viajero. Palace Tours ha visto escépticos embarcar en Sevilla y bajar en Madrid cargando botellas de fino como contrabando.

Un nombre, todo un espectro

El jerez va del fino y la manzanilla — pálidos, secos hasta el hueso, levemente salinos, bebidos helados — pasando por el amontillado avellanado y el oloroso musculoso, hasta el Pedro Ximénez, un vino de postre tan oscuro y denso que casi es salsa. A nadie le disgusta 'el jerez'; simplemente no ha conocido aún su estilo.

Las bodegas catedral de Jerez

La visita de la ruta le pasea bajo altas naves encaladas donde las botas envejecen en el sistema de solera — vino joven desposándose pacientemente con el viejo, algunas andanas con décadas de fondo. Sumada a los caballos que bailan, hace de la jornada de Jerez la favorita de la semana para muchos huéspedes.

En la mesa

A bordo, el jerez trabaja como manda el sumiller local: fino con almendras y jamón en el aperitivo de la tarde, oloroso junto a la caza, PX sobre el postre — todo dentro de la tarifa, como describe la guía gastronómica. Considere la semana un curso de cata con palacios incluidos: fechas aquí.