Andalucía le da de comer distinto de lo que sugiere cualquier guía — menos tópico de paella, más lógica antigua: sopas frías contra el calor, pescado frito junto al mar, cerdo donde crecen las encinas. Este es el itinerario gastronómico que Palace Tours dibuja a los viajeros, espejo del camino del tren.
Sevilla y Córdoba: capitales de la sopa fría
El gazpacho ya lo conoce; el salmorejo — el primo cordobés, más espeso y sedoso, coronado de jamón y huevo — no lo olvidará. Añada espinacas con garbanzos en tabernas azulejadas de Sevilla y rabo de toro donde aún ronda la historia taurina.
Jerez y Cádiz: el mar, frito y bendecido
Pescaíto frito como debe ser, atún de almadraba que jamás vio un congelador y langostinos de Sanlúcar — todo diseñado para encontrarse con una copa fría de la guía del jerez.
Extremadura: la despensa de la encina
Los cerdos de bellota de la dehesa se convierten en el mejor jamón ibérico del mundo, y la Torta del Casar — un queso de oveja tan cremoso que se come a cuchara — encabeza la tabla. Migas y caza completan la mesa más infravalorada de España.
Toledo y Madrid: el final
El mazapán y la perdiz de Toledo dan paso al ritual del cocido madrileño. A bordo, los comedores siguen la misma partitura regional — así funcionan las comidas — y toda mesa está incluida (la lista). Traiga apetito; de lo demás se ocupa la página de fechas.



